miércoles, septiembre 07, 2005

Propiedad Privada

Hace unas semanas decidi abandonar por un tiempo el día a día de mi trabajo y con ello también el de la política, para poder tomar un descanso esperado por ya casi 7 años; decidí tomar tiempo para mi y para mis diligencias pero aún así no logre desvincularme por completo del mundo.

Apenas volvi, me dió la bienvenida de regreso una noticia de invasores en propiedades de algunos empresarios y hacendados venezolanos. Este tipo de noticias no es novedoso en nuestro país lo que si lo es, es el apoyo con el cual la administración actual a blindado la actuación de estos sujetos. No queda ninguna duda de que la administración actual, quizas actuando de buena fe, ha tomado el camino equivocado del irrespeto a la propiedad privada y por tanto a la libertad. Pero este tipo de posiciones no es exclusivo de los gobiernos, también dentro de la iglesia podemos encontrar grupos, como es el caso de los defensores de la Teología de la Liberación, los cuales se definen como detractores del capitalismo, la economía de libre mercado y la propiedad privada.

El articulo que presento a continuación se denomina La Propiedad Privada y La Biblia y fue escrito por Lester Wehrwein quien nos da muchos argumentos para rebatir los pensamientos de izquierda tan arraigados en la iglesia de nuestros tiempos.

Cierta organización -en un informe de 1983- condenó "al capitalismo occidental como la más grande fuente de injusticia en el prevaleciente orden económico ... sus consecuencias son ... inmenso sufrimiento humano, degradación y muerte." Declaraba que "el sistema capitalista internacional", vagamente definido como "dominio económico y estructuras sociales injustas", suprimía los "derechos socioeconómicos del pueblo, tales como necesidades básicas de familias y comunidades, y los derechos de los trabajadores." (1)

¿Quién emitió este informe? ¿El Partido Comunista? ¿El Partido Socialista? No; triste es decirlo, pero fue el Consejo Mundial de Iglesias [WCC: World Council of Churches], organización interdenominacional de varios cientos de iglesias cristianas, en su asamblea de ese año en Vancouver. Son gente equivocada y mal orientada, que durante años ha estado consistentemente declarando que el capitalismo es un sistema maligno, la causa de fondo tanta injusticia y pobreza en el mundo, y que debe ser reemplazado por un sistema socialista global. Escribe Ernst Lefever, comentarista del Informe: "Para el WCC, justicia no significa igualdad de oportunidades, o inversión en el Tercer Mundo, o ayuda adicional al mismo, sino más bien una obligatoria redistribución del ingreso y los recursos de los países ricos a los pobres." (2)

Y sigue Lefever: "Los pronunciamientos del WCC sobre el capitalismo no mencionan la elevada productividad y otros beneficios traídos por el sistema de empresas de mercado, tanto a los países desarrollados como en desarrollo. Sus informes no citan evidencia estadística, o siquiera anecdótica, para fundamentar su insistencia en que el capitalismo de libre mercado es el único responsable del sufrimiento humano." (3) "La calamidad de la pobreza es la condición natural de todos los pueblos primitivos y tradicionales, porque hasta que surgió el capitalismo democrático, ninguna sociedad tuvo la capacidad para eliminar la cruda pobreza. El capitalismo, que tanto debe a la ética protestante del trabajo, irónicamente se ha vuelto el blanco favorito de los teólogos liberacionistas del WCC." (4)

¿Qué es el capitalismo? Mi diccionario lo define como "un sistema económico en el cual la riqueza particular, legalmente adquirida por la empresa privada bajo competencia libre, permanece en control de sus propietarios, a diferencia del socialismo." O sea: libre empresa privada, con propiedad privada incluidos los medios de producción, con libre mercado en el que bienes y servicios son libremente intercambiados, y con libertad cada quien para desarrollar al máximo los talentos brindados por Dios.

La Biblia enseña que el trabajador tiene derecho a su salario: Lucas 10:7; 1 Timoteo 5:18. Por eso una persona tiene el derecho dado por Dios a los frutos de su labor. Si su trabajo honesto resulta en la adquisición de propiedad, esa tenencia -humanamente hablando- le pertenece a ella, sólo a ella y a nadie más. Excepto por el derecho del gobierno a decretar y recoger impuestos para sus fines legítimos, es malo privar de su propiedad a alguien, y es pecado para cualquiera, incluyendo el mismo gobierno. Supongamos que alguien posee más bienes de este mundo de lo que a mí se me ocurre que debería tener; entonces le apunto una pistola a su cabeza y le digo: "Deme parte de lo suyo para distribuir entre quienes tienen menos que Ud., así todos podemos ser más iguales." ¿Quién negaría que es una violación del "No robarás"? Si algo es malo cuando lo hace un individuo, ¿por cuál esfuerzo de imaginación se vuelve bueno cuando lo hace un gobierno ...?

El despojo de una parte de los ingresos ganados por algunos, a fin de ser distribuidos entre quienes no los ganaron, es nada más que robo legalizado. Aún cuando sea demandado por los "liberales" de dentro y fuera de las iglesias, y en nombre de una supuesta "justicia social" -por la cual significan igualdad de condición económica para todos-, es algo totalmente contrario a la Escritura.

En cuanto a la justicia, la Biblia llanamente dice que debe ser imparcial, y que los pobres no deben recibir especial tratamiento a expensas de los ricos. Ex. 23:3; Lev. 19:15. No dice que los gobiernos tienen derecho o responsabilidad de redistribuir la riqueza, tomando de los ricos y dando a los pobres. La responsabilidad por la ayuda a los pobres se delega a los particulares y sus organizaciones. Ef. 4:28; Mt. 25:35-36; Prov. 21:13.

Se alega que el capitalismo se basa en la codicia o avaricia, y que el motivo de provecho o lucro de los empresarios es perverso. Sin duda hay codicia y avaricia en los corazones de los empresarios, así como en los del resto de nosotros, incluyendo a los socialistas; pero se debe al pecado en los corazones, no al sistema capitalista. El capitalismo se basa en el deseo natural de cada cual por mejorar su suerte en esta vida, algo no necesariamente pecaminoso en sí mismo; codicia y avaricia tampoco necesariamente forman parte de este deseo. Por eso el capitalismo no es intrínsecamente inmoral. Por otra parte, el socialismo se basa principal, si no totalmente, en la codicia de tener más bienes terrenales a expensas de otros -obtener algo por nada-, que sienten aquellos envidiosos de quienes tienen más. Y se basa también en la codicia de poder, de aquellos otros que en su suprema arrogancia, suponen que estarán al mando del asunto, creyendose dotados con una sabiduría tan superior como para saber manejar las vidas del resto de nosotros mejor que nosotros mismos.

La Biblia no menosprecia el motivo de lucro. No condena a Abraham, Isaac, Jacob, Job, David u otra persona por hacerse rica. No hay nada malo en ganar tanto como se pueda. Como dijera John Wesley: "Gana todo lo que puedas, y da todo lo que puedas." (5) Aquí puede caber bien la cita de 2 Tes. 3:10: "Si alguien no trabaja, que no coma." (6) En otras palabras: a toda persona físicamente capaz que rehuse trabajar para vivir, que pase hambre antes que sea una carga para otros.

La propiedad privada fue practicada desde un principio. Cuando Caín trajo algunos frutos del suelo que cultivaba, como ofrenda al Señor, y Abel algunas de las primicias de los rebaños que criaba, ninguno consideró que estaba trayendo alguna propiedad común de ambos, sino cada uno lo suyo, de su propiedad personal. En Gén. 13:2 leemos, "Abram era muy rico en ganado, en plata, y en oro." Ciertamente todo eso era de su propiedad privada. Gén. 23:3-20 cuenta la compra de un campo por Abraham: "Así el campo y la cueva que en el mismo había, fueron traspasadas por escritura a Abraham por los hijos de Het, como propiedad para el lugar de la tumba." La propiedad privada del campo cambió de manos por la suma de 400 siclos de plata (vv. 15-16). Y en Gén. 26:13-14 se nos dice de Isaac que "comenzó a prosperar, y continuó así hasta que se hizo muy próspero, y tuvo posesiones en mucho ganado y mucha labranza, y gran número de sirvientes." Es claro que estas posesiones fueron de su propiedad privada; y en el verso 12 se nos dice que su prosperidad se debió a la bendición del Señor.

"No robarás" dice Ex. 20:15. Y escribe Harold O. J. Brown: "El Nuevo Testamento reconoce juntamente con el Antiguo el derecho a la propiedad privada, y lo da por supuesto. El mandamiento contra el robo en el Decálogo es sólo la más destacada de muchas referencias." (7) "No codiciarás lo de tu prójimo ... buey ni asno ni nada suyo." Ex. 20:17. ¿Qué más obvio en este verso que la enseñanza de la propiedad privada? Entre las leyes dadas por Dios a los israelitas en el Monte Sinaí, también algunas llanamente enseñan el concepto de propiedad privada, como en Ex. 22:1-15 y 23:4-5. Y si Dios hubiese querido la tenencia común de la propiedad, ¿no lo habría instituido así para Su pueblo elegido? En Ex. 25:1-7, se habla a todo aquel de corazón dispuesto respecto a traer alguna ofrenda para la construcción del Tabernáculo, pero de su propiedad privada. Y en las detalladas instrucciones sobre las ofrendas por el pecado -primeros capítulos de Levítico- cada cual trae su animal, su paloma o su grano, cualquier cosa así, pero de su propiedad privada personal. Y en la narración de Núm. 16:30-33, la tierra se abre y se traga a Korán, Datán y Abirán, y dice que todos sus bienes desaparecieron con ellos. Si esos bienes se hubiesen tenido en propiedad común en lugar de privada, sería impensable que fuesen enterrados con las personas. Y Booz -en el libro de Ruth- era un terrateniente y empleador, que por cierto se llevaba bien con sus empleados (ver 2:4.) Además allí se informa sobre un intercambio libre y voluntario de propiedad privada (ver 4:7-9.) Booz -como Abraham, Isaac, Jacob, Job y otras personas altamente favorecidas por Dios- era un capitalista, o sea uno de esos seres supuestamente malignos, tan denunciados por tanta gente de nuestra engreída burocracia federal, de nuestros jerarcas sindicales, y de nuestros líderes eclesiásticos (casi digo teólogos) tan inclinados hacia la izquierda.

2 Sam. 24:24 describe cómo hasta los reyes respetaban la propiedad privada, en el caso de Ernán o Arauna el jebuseo, a quien el Rey David insiste en pagar el precio del terreno que deseaba comprar. En Prov. 12:10-11 se nos dice que debemos ser considerados con nuestros animales, y diligentes en la labranza de nuestros terrenos, dando por supuesta la propiedad privada sobre ellos. Jer. 32:8-15 brinda una interesante narración de cómo Jeremías, durante la primera parte de su cautiverio babilónico, compró una parcela de tierra aún estando en prisión, donde había sido encerrado por el rey Zedekías de Judá. El precio se pagó, y la escritura se firmó en presencia de los testigos, y se colocó en una vasija de barro donde permaneció largo tiempo. "Porque así ha dicho Jehova el Señor de los Ejércitos, Dios de Israel: que se comprarán casas, y campos y viñas, y serán poseídas heredades en esta tierra todavía." (Es decir, aún después del cautiverio.)

Vamos al Nuevo Testamento. Veamos primero dos parábolas de Jesús. La de Mt. 13:24-30 habla de un terrateniente que tenía siervos. Y la de Mt. 20:1-15, habla de otro propietario de tierras que contrató a unos trabajadores para laborar en sus viñedos. En ambos casos Jesús habla de propiedades y empresas privadas. Alguien puede decir "bueno, son sólo parábolas ..." Cierto, son historias para ilustrar verdades espirituales, comparando con cosas terrenales. Pero ¿cómo Jesús compararía verdades espirituales con cosas terrenales siendo estas en sí mismas mentirosas? Muy difícil. Note especialmente 20:15: "¿No me es lícito hacer lo que quiero con mis propias cosas?"

Hay quienes afirman que Hechos 4-32:37 apoya el comunismo y el socialismo. Falso; es una falacia. Los fieles creyentes que allí se describen, dieron voluntariamente algo de su propiedad a los apóstoles, para su distribución entre los pobres de la congregación. Allí no hay gobierno ni nadie empleando fuerza para distribuir discrecionalmente. Y en Filipos, Pablo y sus compañeros se encontraron con Lydia, una mujer empresaria, que comerciaba en costosas tinturas para la ropa (Hechos 16:14), en cuya casa pararon un tiempo (vv. 15, 40). Lydia manejaba su propio negocio, en pos de su ganancia.

La explicación que Martín Lutero hace del 7mo. Mandamiento en su Catecismo Pequeño, muestra que consideraba la propiedad privada como don y bendición de Dios. Y dice C. F. W. Walther: "La razón ... requiere el mantenimiento de la propiedad privada, porque habita en el hombre natural cierto deseo de libertad e independencia, y si el hombre no es en cierta medida libre e independiente, no puede ser feliz. Si Ud. acaba con la propiedad personal, terminará también con la libertad." (8) La idea de tenencia en común de la propiedad es contraria a la naturaleza humana. Lo vemos incluso en los niños; ellos instintivamente lo saben: "Lo tuyo es tuyo y lo mío es mío."

En un sistema donde todo es propiedad pública nadie posee nada, y en consecuencia nada se cuida decentemente, y todo se arruina y naufraga. El derecho a la propiedad privada es uno de los primeros principios sobre el que esta nación se fundó hace 221 años; y bajo este sistema hemos sido bendecidos por Dios con una gran libertad -incluso religiosa- y con prosperidad, más que cualquier otro país en la historia del mundo. Y siendo así, es increíble que este sistema sea atacado ahora por tanta gente dentro y fuera de los gobiernos, incluyendo algunos que se llaman a sí mismos cristianos, y que son quienes deberían saberlo mejor que nadie.

Ahora, también algo más hay que decir. La posesión de propiedades y riquezas -incluso en gran medida- no es algo pecaminoso en sí mismo; pero puede volverse así, y es cosa potencial y extremadamente peligrosa. No deben tomarse a la ligera las solemnes advertencias de Jesús "¡Qué difícil es para los ricos entrar al reino de Dios!" (Lu 18:24); y "¿De qué aprovecha a un hombre ganar el mundo entero si pierde su propia alma?" (Mr 8:36.) E igual "si aumentan tus riquezas, no pongas tu corazón en ellas", Sal. 62:10. Y más bien "pon tu mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra", Col. 3:2; y "la vida de uno no consiste en la abundancia de cosas que posee", Lu 12:15b. Por tanto: "No guardes tus tesoros en la tierra ... sino en el Cielo ... porque donde estén tus tesoros, allí estará tu corazón también." (Mt. 6:19-21.) "Nadie puede servir a dos señores ... no puede servirse a Dios y a Mammon", Mt. 6:24. Quienes endiosan sus propiedades sufrirán el mismo pavoroso destino que el hombre rico de Lucas 16:19-31, quien "banqueteaba suntuosamente cada día", sin importarle nada el pobre mendigo incapacitado que yacía en el suelo, "deseando alimentarse de las migajas que caían de la mesa del rico." No debe olvidarse aquí las críticas denuncias de Santiago, respecto a aquellos ricos que viven en el placer y la lujuria (comer, beber y pasarlo bien), sin preocuparse para nada de los pobres, y a los que acumulan riquezas obtenidas con fraude, reteniendo parte de los salarios de sus trabajadores.

Toda deshonestidad en adquisición de propiedades o en compraventa de bienes es severamente condenada: "Medida y pesa falsa son abominación para el Señor, pero una balanza justa es Su delicia", Prov. 11:1. "No harás injusticia en el juicio, ni en medida de anchura, peso o volumen. Tendrás balanzas precisas, pesos cabales, efa y medida justa." Lev. 19:35-36a. También Prov. 30:23, Deut. 25:13-15, y especialmente Amós 8:4-6. Y a todos nos son familiares los pronunciamientos de Jesús contra los fariseos, entre otras cosas por "devorarse las casas de las viudas." Y las igualmente solemnes advertencias del Apóstol Pablo contra todo tipo de engaños y falsedades.

Concluyendo, tengamos en mente que "poseemos" propiedades, las compramos y vendemos, redactamos documentos y títulos que firmamos y sellamos, etc., pero realmente no tenemos nada. Dios, que en el principio creó los cielos y la tierra, lo tiene todo, incluyendo la misma tiera y todo lo que hay en y sobre ella. Somos sólo mayordomos, cuidadores. Se nos habla de "subyugarla", atenderla y tomar cuido de ella. En otras palabras: somos nada más administradores de la propiedad de Dios. Pero, ¡qué indescriptible privilegio, qué suprema felicidad debe surgir en nuestros corazones, siendo mayordomos a cargo de la propiedad del Rey de reyes y Señor de señores!

NOTAS:
1) Citado por Ernest W. Lefever, en su libro "De Nairobi a Vancouver" (Nairobi to Vancouver. The World Council of Churches and the World, 1975-87.) Editado por Ethics and Public Policy Center, Washington D.C., 1987; p. 56.
2) Ibid., p. 59.
3) Ibid., p. 57.
4) Ibid., p. 59.
5) Citado por Mark Skousen: Religions & Liberty, publicación del Acton Institute for the Study of Religion and Liberty, Mayo-Junio 1996 (Vol. 6, No. 3), p. 4.
6) Las citas bíblicas son de la King James Nueva Versión.
7) Harold O.J. Brown: Christianity and the Class Struggle; Arlington House, New Rochelle, N.Y., 1970; p. 59.
8) Communism and Socialism. The Lutheran Research Society, Detroit, 1947; p. 58. Cita textual de Lutero: "La Escritura no manda que la propiedad sea común. Cuando la Ley del Decálogo dice "No robarás" en Éxodo 20:15, está distinguiendo los derechos de propiedad, y mandando a cada quien tener lo que es suyo." (Apología de la Confesión de Augsburgo, Artículo 16; Concordia Triglotta, p. 333.)

[El presente ensayo de Lester Wehrwein apareció en la edición de Julio-Agosto de 1997 del Boletín de la Lutheran Conference of Confessional Fellowship. Reproducido con autorización.]

Lea más Escuela Branscome de Teología

3 comentarios:

EnigmasExpress /Gandica dijo...

La única conclusión que llego es que vivimos en un mundo de completa contradicción. Hay contradicción en los planteamientos políticos. Hay contradicción en los sistemas sociales. Hay contradicción en la religión.
Para una persona digamos no creyente todo ese sentido de citas bíblicas es tan sólo un juego de connotación y denotación. Porque en realidad ¿quién escribió la Biblia?
Los intereses a través de la historia entre Religión-Iglesia y Poder son obvios.
Tu post me recuerda esta vieja cita:
"Redundará en ventaja de toda la Iglesia y de vuestro Imperio el que en todo el orbe no prevalezca más que un solo Dios, una sola fe, un único misterio para la salvación del hombre y una sola confesión"

Carta del Papa Leon I (440-461) al emperador León I

No sé de donde escribes pero por lo menos aquí en Venezuela la Iglesia es muchísimo más de derechas que de izquierdas. Si no que le pregunten a Baltazar Porras y a Castillo Lara.
Bueno, un cordial saludo de todas maneras. Ha sido un punto diferente de la Biblia y Capitalismo.

Julio dijo...

Es verdad lo que dices de los intereses involucrados, pero debo diferir en una cosa, la iglesia venezolana, al igual que casi toda la sociedad venezolana, son de tendencia de izquierda, muy ligados al conservadurismo estilo Copei, pero de izquierdas al igual que estos

Anónimo dijo...

La exposicion es tecnicamente correcta, lastima que sea totalmente parcializada... al final dices que solo somos "mayordomos" entonces, no podemos pensar en que somos "dueños" y menos argumentar que deben haber "propietarios" (privilegiados) y "no propietarios" (excluidos)... esa es la forma de pensar y "organizar" la sociedad que la tiene sumida en la miseria... no se en donde para el autor de este articulo, las palabras del Señor dichas "al hombre rico"... el autor, seguramente se ha alejado "triste" porque debe ser un "propietario prospero"... l