El próximo 3 de diciembre se celebrará en Venezuela, o en lo que queda de ella, las elecciones en las que se decidirá quien será el próximo gobernante del país para los próximos 6 años. El país ha pasado en estos últimos 50 años por u proceso de descomposición económico y social, producto de la ineficiencia de las políticas estatistas de los gobiernos socialistas que han decidido el destino del país desde la caída de la dictadura de el General Marcos Pérez Jiménez, y que en los últimos 8 años han ido recrudeciendo en su carácter involutivo.
Esta vez, y por n-sima vez consecutiva, en lo que van de los 514 años del descubrimiento de América y 508 del de este país, las opciones que se postulan o que optan para hacerse cargo del timón de la nación son de la misma calaña. No nos bastó con casi 400 años de gobiernos monárquicos y absolutistas de España, ni con libertadores jacobinos como Simón Bolívar y Antonio José de Sucre; no fue suficiente con gobiernos ultra conservadores y totalitarios como los godos o conservadores de Páez y los Monagas; nos pareció poco el universo de guerras civiles entre pseudo liberales y conservadores en el siglo XIX, no aprendimos nada de Gómez ; ni de López, ni de Medina; no agarramos escarmiento con Pérez Jiménez, ni con la guerra de guerrillas de los años 60 y 70; se nos olvidó por completo los crímenes de Adecos y Copeyanos de los últimos 50 años; así es que hoy decidimos elegir de nuevo, entre la enfermedad y su causa, entre el comunismo ultroso disfrazado de democracia y el socialismo desgastado que por lógica no dio frutos y que fue el origen y la causa del primero.
Los planes sociales de uno o de otro no generaran riquezas porque en sus mentes eso no es opción, sus vocablos nunca generaran unión porque no es lo que buscan. El estado seguirá creciendo e incrementado su poder sobre el individuo y este empobrecerá cada vez más y será cada día menos libre, pero eso si, a la final, al ver sus expectativas defraudadas pedirá a gritos un gobierno de mano dura y más revolucionario que el anterior, solo para continuar con el ciclo.
Una buena parte de los pocos liberales que hay en este país decidió no decir nada por evitar las críticas de los tan intransigentes "opositores", pero yo no tengo nada que perder, yo sinceramente no apoyo ninguna de las dos opciones ni lo haré jamás, pero si iré a votar (vayamos Dios y yo a saber por quien). Voten por quien quieran, hagan como quieran, que finalmente terminaran en el mismo punto o en alguno peor entre negras y misiones.


