miércoles, septiembre 28, 2005

La Comandante Poleo, la Lina Ron de los Escualidos



Bonito show el que monto la periodista Patricia Poleo, en plena Plaza Altamira, al atacar a unos vecinos que se disponian a realizar una bailoterapia, por demàs acostumbrada todos los domingos en ese sitio, en momentos en que esta heroina de la contrarrevoluciòn y el Status Quo habia planificado una protesta en contra de la usurpación, por parte del Estado, de la Hacienda La Marqueseña.

Si esta es la gente a la que debe seguir la oposición, si esta es la defensa de las libertades que vamos a realizar montando nuestros derechos por encima de los de los demás, pues prefiero no hacer nada. Tanto los manifestantes como los deportistas tenian el derecho de realizar sus actividades sin que ninguno invadiese el territorio del otro, ni le impidiece llevar a cabo su actividad.

Bravo!!! Patricia Poleo, Bravo!!! al Status Quo, sigamos ese camino y nunca saldremos de la fosa

jueves, septiembre 15, 2005

Estado vs. Industria Privada

Los recientes anuncios de confiscación de tierras e industrias, por parte del gobierno, han venido a confirmar los temores de sobre el posible inicio de un periodo de fin de las libertades que, desde hace ya algunos años, ha asomado su sombra de amenaza sobre Venezuela.

Uno de estos anuncios fue el de la pronta intervención de 700 empresas pertenecientes al parque industrial venezolano, y que en la actualidad tienen su producción paralizada o bastante diezmada, quedándose así el 10% del aparato productivo privado de la nación en manos del estado; y otro el inicio de un censo empresarial mediante el cual el gobierno nacional pretende levantar la información referente al nivel de productividad de cada una de las empresas existentes, a fin de determinar la “necesidad de ser expropiadas por el estado” de cada una de ellas. Todo esto está enmarcado dentro de los planes elaborados por la presidencia de la república para el cumplimiento de su programa de “Socialismo del Siglo XXI” y vigilado directamente por mismísimo Sr. Presidente, quien durante su Aló Presidente del día 17 de julio, y tal como lo reseña el diario El Universal en su edición del 12 de septiembre, declaró:”…es contrario que haya empresas cerradas en Venezuela, sea cuales sean las razones, eso es como las tierras ociosas (…) Este es un mensaje para los empresarios cuyas empresas están trabajando con dificultades, a media máquina, queremos que trabajen a toda máquina…”

Muchos pueden querer ver esto como algo necesario y justo en función de los supuestos intereses de la nación, pero a corto plazo podría derivar en graves pérdidas a nuestras ya golpeadas libertades individuales. Las industrias son parte del aparato productivo de una nación y, básicamente, son las encargadas de llevar a cabo la transformación de la materia prima a productos intermedios o finales; como todo medio legítimo de lucro, su posesión es natural de los privados y no del estado, puesto que las mismas deben quedar sometidas a la competencia dentro del mercado y no a la nociva intervención favoritista y supuestamente “planificadora de la economía” de los gobiernos, quienes las terminan utilizando para financiar sus campañas y pagar sus favores si no es que para someter a sus empleados con amenazas a fin de garantizarse un número de votos seguros en cada elección. Una industria, al igual que cualquier empresa, es una propiedad privada, y su uso o desuso queda a criterio de su propietario; quizás en este punto deberíamos cuestionarnos ¿a quién le podría interesar ser dueño de una empresa paralizada?, ¿quién querría tener capacidad productiva instalada ociosa?, la respuesta es muy sencilla: a nadie puesto que nadie pondría su dinero en algo que no rinde frutos o que incluso genera pérdidas; si los empresarios han paralizado actividades, sus razones tendrán y en vez de estar buscando quitarles el producto de su trabajo, deberíamos buscar promulgar leyes que favorezcan la acción independiente del mercado y el crecimiento de nuestra economía para que finalmente florezcan las industrias que el mercado requiera y terminen de desaparecer aquellas que no se puedan adaptar al mismo.

Este tipo de intervenciones, nada novedoso en el mundo ni tampoco en Venezuela, presenta en la actualidad ciertos agravantes, puesto que la evaluación realizada por el gobierno no solo pretende intervenir a las empresas paralizadas sino que, además, busca tomar control de aquellas que por una u otra razón se cuentan con una capacidad productiva en reposo, de ser así serán intervenidas más de la mitad de las empresas privadas aún operativas dejando, de esta forma, que casi la totalidad del parque industrial quede en manos del estado y que las industrias restantes tengan que enfrentar la competencia injusta y megalomaníaca (si el término se permite) del rival estatal y de sindicatos y organizaciones “populares” oportunistas que buscan, bajo el modelo de cogestión (congestión), adueñarse de parte del control de lo que otros levantaron. Además, y para agravar el asunto, los industriales venezolanos siguen equivocando sus discursos achacando parte de sus males a la falta de políticas proteccionistas por parte del estado que los protejan contra la aparición de productos importados; usando las armas del enemigo para combatirlo, pura ilusión.

Lamentablemente nuestro país se encamina en la ruta del fin de la libertad, una vez que perdamos la propiedad habremos perdido toda esperanza de ser libres; sin propiedad privada no seremos nada contra un régimen que todo lo maneja, sin propiedad privada no contaremos con los recursos necesarios para frenar la acción colectivizadota del estado pues seremos en nuestra totalidad dependientes de este, sin propiedad privada no tendrán sentidos los sueños, salvo que sean sueños de comodato, toda la vida trabajaremos para otro, para alimentar a otro, para morir por otro y sin esperanza de alcanzar nada verdadero y nuestro porque “nuestro” no existirá jamás.

lunes, septiembre 12, 2005

Venezuela un país antiliberal o por qué no creo en el cambio facil

La oposición tradicional venezolana ha tenido, casi desde sus inicios, la fijación generalizada con el golpe de estado. Todos los opositores, pertenecientes a la corriente tradicionalista de la cual quiero excluir a la gran mayoría de los liberales, han expresado alguna vez que la manera de salir del problema actual está en "tumbar a Chavez".

Esta conducta, que también se ve reflejada en el sector oficialista cuando se habla de revolución armada o de liquidar a sus adversarios e incluso en los orígenes golpístas de la casta gobernante, quizas tenga sus raices dentro de la idiosincracia del pueblo venezolano; en ese gusto que tenemos por los caminos fáciles y evitar esfuerzos tan propio nuestro; siempre preferiremos que venga alguien más y haga el trabajo sucio por nosotros, ya sea algún general venezolano con su tropa o los U.S Marines con todo su equipamiento militar de última generación; pero eso si que no se les ocurra venir luego a pedir regalias por el favor concedido.
El liberalismo, por su parte, es una filosofia que defiende las libertades individuales como la propiedad y en la cual se premia al individuo por su trabajo, por saberse conducir dentro del mercado correctamente y donde, además, cada individuo debe ser responsable de sus actos y donde solo se podrá conseguir aquello por lo que uno se haya esforzado. Para el liberalismo no existen amiguismos, proteccionismos, regulaciones salvo aquellas que naturalmente establece el mercado; el liberalismo no conoce de salidas faciles, de atajos ni de golpes de estado, aún cuando algunos golpistas lo han utilizado medianamente para darle sustento a sus aventuras militaristas obteniendo, en algunos casos (Chile), resultados bastante satisfactorios.
Los mayoría de liberales jamás podremos estar de acuerdo, filosoficamente hablando, con los golpes de estado puesto que estos representan la violencia, y con violencia se auyenta la inversión, se reduce la producción, se agrede a la propiedad y se atenta contra la libertad; aún cuando humanamente a veces nos dejemos llevar por las emociones en vez de por la razón.
La tarea del liberalismo, en Venezuela, es bastante cuesta arriba, nos toca vencer a la forma de ser de un pueblo, a algo que se encuentra inscrito a fuego dentro de la materia osea de cada individuo, nos toca vencer al facilismo venezolano, al antiliberalismo, al "deja que otro lo haga por mi". Será una labor muy dificil si además le sumamos a eso el proceso de formación ideológico iniciado por el presente gobierno y con el cual se suman cada día más y más fanáticos a las filas del socialismo. Seguramente no será facil vender la idea y seguramente algunos se pierdan en la labor, pero se trata de un reto digno para cualquiera que se llame a si mismo liberal, venderemos nuestra idea sin imponerla a la fuerza y finalmente demostraremos que contamos con la razón.

miércoles, septiembre 07, 2005

Propiedad Privada

Hace unas semanas decidi abandonar por un tiempo el día a día de mi trabajo y con ello también el de la política, para poder tomar un descanso esperado por ya casi 7 años; decidí tomar tiempo para mi y para mis diligencias pero aún así no logre desvincularme por completo del mundo.

Apenas volvi, me dió la bienvenida de regreso una noticia de invasores en propiedades de algunos empresarios y hacendados venezolanos. Este tipo de noticias no es novedoso en nuestro país lo que si lo es, es el apoyo con el cual la administración actual a blindado la actuación de estos sujetos. No queda ninguna duda de que la administración actual, quizas actuando de buena fe, ha tomado el camino equivocado del irrespeto a la propiedad privada y por tanto a la libertad. Pero este tipo de posiciones no es exclusivo de los gobiernos, también dentro de la iglesia podemos encontrar grupos, como es el caso de los defensores de la Teología de la Liberación, los cuales se definen como detractores del capitalismo, la economía de libre mercado y la propiedad privada.

El articulo que presento a continuación se denomina La Propiedad Privada y La Biblia y fue escrito por Lester Wehrwein quien nos da muchos argumentos para rebatir los pensamientos de izquierda tan arraigados en la iglesia de nuestros tiempos.

Cierta organización -en un informe de 1983- condenó "al capitalismo occidental como la más grande fuente de injusticia en el prevaleciente orden económico ... sus consecuencias son ... inmenso sufrimiento humano, degradación y muerte." Declaraba que "el sistema capitalista internacional", vagamente definido como "dominio económico y estructuras sociales injustas", suprimía los "derechos socioeconómicos del pueblo, tales como necesidades básicas de familias y comunidades, y los derechos de los trabajadores." (1)

¿Quién emitió este informe? ¿El Partido Comunista? ¿El Partido Socialista? No; triste es decirlo, pero fue el Consejo Mundial de Iglesias [WCC: World Council of Churches], organización interdenominacional de varios cientos de iglesias cristianas, en su asamblea de ese año en Vancouver. Son gente equivocada y mal orientada, que durante años ha estado consistentemente declarando que el capitalismo es un sistema maligno, la causa de fondo tanta injusticia y pobreza en el mundo, y que debe ser reemplazado por un sistema socialista global. Escribe Ernst Lefever, comentarista del Informe: "Para el WCC, justicia no significa igualdad de oportunidades, o inversión en el Tercer Mundo, o ayuda adicional al mismo, sino más bien una obligatoria redistribución del ingreso y los recursos de los países ricos a los pobres." (2)

Y sigue Lefever: "Los pronunciamientos del WCC sobre el capitalismo no mencionan la elevada productividad y otros beneficios traídos por el sistema de empresas de mercado, tanto a los países desarrollados como en desarrollo. Sus informes no citan evidencia estadística, o siquiera anecdótica, para fundamentar su insistencia en que el capitalismo de libre mercado es el único responsable del sufrimiento humano." (3) "La calamidad de la pobreza es la condición natural de todos los pueblos primitivos y tradicionales, porque hasta que surgió el capitalismo democrático, ninguna sociedad tuvo la capacidad para eliminar la cruda pobreza. El capitalismo, que tanto debe a la ética protestante del trabajo, irónicamente se ha vuelto el blanco favorito de los teólogos liberacionistas del WCC." (4)

¿Qué es el capitalismo? Mi diccionario lo define como "un sistema económico en el cual la riqueza particular, legalmente adquirida por la empresa privada bajo competencia libre, permanece en control de sus propietarios, a diferencia del socialismo." O sea: libre empresa privada, con propiedad privada incluidos los medios de producción, con libre mercado en el que bienes y servicios son libremente intercambiados, y con libertad cada quien para desarrollar al máximo los talentos brindados por Dios.

La Biblia enseña que el trabajador tiene derecho a su salario: Lucas 10:7; 1 Timoteo 5:18. Por eso una persona tiene el derecho dado por Dios a los frutos de su labor. Si su trabajo honesto resulta en la adquisición de propiedad, esa tenencia -humanamente hablando- le pertenece a ella, sólo a ella y a nadie más. Excepto por el derecho del gobierno a decretar y recoger impuestos para sus fines legítimos, es malo privar de su propiedad a alguien, y es pecado para cualquiera, incluyendo el mismo gobierno. Supongamos que alguien posee más bienes de este mundo de lo que a mí se me ocurre que debería tener; entonces le apunto una pistola a su cabeza y le digo: "Deme parte de lo suyo para distribuir entre quienes tienen menos que Ud., así todos podemos ser más iguales." ¿Quién negaría que es una violación del "No robarás"? Si algo es malo cuando lo hace un individuo, ¿por cuál esfuerzo de imaginación se vuelve bueno cuando lo hace un gobierno ...?

El despojo de una parte de los ingresos ganados por algunos, a fin de ser distribuidos entre quienes no los ganaron, es nada más que robo legalizado. Aún cuando sea demandado por los "liberales" de dentro y fuera de las iglesias, y en nombre de una supuesta "justicia social" -por la cual significan igualdad de condición económica para todos-, es algo totalmente contrario a la Escritura.

En cuanto a la justicia, la Biblia llanamente dice que debe ser imparcial, y que los pobres no deben recibir especial tratamiento a expensas de los ricos. Ex. 23:3; Lev. 19:15. No dice que los gobiernos tienen derecho o responsabilidad de redistribuir la riqueza, tomando de los ricos y dando a los pobres. La responsabilidad por la ayuda a los pobres se delega a los particulares y sus organizaciones. Ef. 4:28; Mt. 25:35-36; Prov. 21:13.

Se alega que el capitalismo se basa en la codicia o avaricia, y que el motivo de provecho o lucro de los empresarios es perverso. Sin duda hay codicia y avaricia en los corazones de los empresarios, así como en los del resto de nosotros, incluyendo a los socialistas; pero se debe al pecado en los corazones, no al sistema capitalista. El capitalismo se basa en el deseo natural de cada cual por mejorar su suerte en esta vida, algo no necesariamente pecaminoso en sí mismo; codicia y avaricia tampoco necesariamente forman parte de este deseo. Por eso el capitalismo no es intrínsecamente inmoral. Por otra parte, el socialismo se basa principal, si no totalmente, en la codicia de tener más bienes terrenales a expensas de otros -obtener algo por nada-, que sienten aquellos envidiosos de quienes tienen más. Y se basa también en la codicia de poder, de aquellos otros que en su suprema arrogancia, suponen que estarán al mando del asunto, creyendose dotados con una sabiduría tan superior como para saber manejar las vidas del resto de nosotros mejor que nosotros mismos.

La Biblia no menosprecia el motivo de lucro. No condena a Abraham, Isaac, Jacob, Job, David u otra persona por hacerse rica. No hay nada malo en ganar tanto como se pueda. Como dijera John Wesley: "Gana todo lo que puedas, y da todo lo que puedas." (5) Aquí puede caber bien la cita de 2 Tes. 3:10: "Si alguien no trabaja, que no coma." (6) En otras palabras: a toda persona físicamente capaz que rehuse trabajar para vivir, que pase hambre antes que sea una carga para otros.

La propiedad privada fue practicada desde un principio. Cuando Caín trajo algunos frutos del suelo que cultivaba, como ofrenda al Señor, y Abel algunas de las primicias de los rebaños que criaba, ninguno consideró que estaba trayendo alguna propiedad común de ambos, sino cada uno lo suyo, de su propiedad personal. En Gén. 13:2 leemos, "Abram era muy rico en ganado, en plata, y en oro." Ciertamente todo eso era de su propiedad privada. Gén. 23:3-20 cuenta la compra de un campo por Abraham: "Así el campo y la cueva que en el mismo había, fueron traspasadas por escritura a Abraham por los hijos de Het, como propiedad para el lugar de la tumba." La propiedad privada del campo cambió de manos por la suma de 400 siclos de plata (vv. 15-16). Y en Gén. 26:13-14 se nos dice de Isaac que "comenzó a prosperar, y continuó así hasta que se hizo muy próspero, y tuvo posesiones en mucho ganado y mucha labranza, y gran número de sirvientes." Es claro que estas posesiones fueron de su propiedad privada; y en el verso 12 se nos dice que su prosperidad se debió a la bendición del Señor.

"No robarás" dice Ex. 20:15. Y escribe Harold O. J. Brown: "El Nuevo Testamento reconoce juntamente con el Antiguo el derecho a la propiedad privada, y lo da por supuesto. El mandamiento contra el robo en el Decálogo es sólo la más destacada de muchas referencias." (7) "No codiciarás lo de tu prójimo ... buey ni asno ni nada suyo." Ex. 20:17. ¿Qué más obvio en este verso que la enseñanza de la propiedad privada? Entre las leyes dadas por Dios a los israelitas en el Monte Sinaí, también algunas llanamente enseñan el concepto de propiedad privada, como en Ex. 22:1-15 y 23:4-5. Y si Dios hubiese querido la tenencia común de la propiedad, ¿no lo habría instituido así para Su pueblo elegido? En Ex. 25:1-7, se habla a todo aquel de corazón dispuesto respecto a traer alguna ofrenda para la construcción del Tabernáculo, pero de su propiedad privada. Y en las detalladas instrucciones sobre las ofrendas por el pecado -primeros capítulos de Levítico- cada cual trae su animal, su paloma o su grano, cualquier cosa así, pero de su propiedad privada personal. Y en la narración de Núm. 16:30-33, la tierra se abre y se traga a Korán, Datán y Abirán, y dice que todos sus bienes desaparecieron con ellos. Si esos bienes se hubiesen tenido en propiedad común en lugar de privada, sería impensable que fuesen enterrados con las personas. Y Booz -en el libro de Ruth- era un terrateniente y empleador, que por cierto se llevaba bien con sus empleados (ver 2:4.) Además allí se informa sobre un intercambio libre y voluntario de propiedad privada (ver 4:7-9.) Booz -como Abraham, Isaac, Jacob, Job y otras personas altamente favorecidas por Dios- era un capitalista, o sea uno de esos seres supuestamente malignos, tan denunciados por tanta gente de nuestra engreída burocracia federal, de nuestros jerarcas sindicales, y de nuestros líderes eclesiásticos (casi digo teólogos) tan inclinados hacia la izquierda.

2 Sam. 24:24 describe cómo hasta los reyes respetaban la propiedad privada, en el caso de Ernán o Arauna el jebuseo, a quien el Rey David insiste en pagar el precio del terreno que deseaba comprar. En Prov. 12:10-11 se nos dice que debemos ser considerados con nuestros animales, y diligentes en la labranza de nuestros terrenos, dando por supuesta la propiedad privada sobre ellos. Jer. 32:8-15 brinda una interesante narración de cómo Jeremías, durante la primera parte de su cautiverio babilónico, compró una parcela de tierra aún estando en prisión, donde había sido encerrado por el rey Zedekías de Judá. El precio se pagó, y la escritura se firmó en presencia de los testigos, y se colocó en una vasija de barro donde permaneció largo tiempo. "Porque así ha dicho Jehova el Señor de los Ejércitos, Dios de Israel: que se comprarán casas, y campos y viñas, y serán poseídas heredades en esta tierra todavía." (Es decir, aún después del cautiverio.)

Vamos al Nuevo Testamento. Veamos primero dos parábolas de Jesús. La de Mt. 13:24-30 habla de un terrateniente que tenía siervos. Y la de Mt. 20:1-15, habla de otro propietario de tierras que contrató a unos trabajadores para laborar en sus viñedos. En ambos casos Jesús habla de propiedades y empresas privadas. Alguien puede decir "bueno, son sólo parábolas ..." Cierto, son historias para ilustrar verdades espirituales, comparando con cosas terrenales. Pero ¿cómo Jesús compararía verdades espirituales con cosas terrenales siendo estas en sí mismas mentirosas? Muy difícil. Note especialmente 20:15: "¿No me es lícito hacer lo que quiero con mis propias cosas?"

Hay quienes afirman que Hechos 4-32:37 apoya el comunismo y el socialismo. Falso; es una falacia. Los fieles creyentes que allí se describen, dieron voluntariamente algo de su propiedad a los apóstoles, para su distribución entre los pobres de la congregación. Allí no hay gobierno ni nadie empleando fuerza para distribuir discrecionalmente. Y en Filipos, Pablo y sus compañeros se encontraron con Lydia, una mujer empresaria, que comerciaba en costosas tinturas para la ropa (Hechos 16:14), en cuya casa pararon un tiempo (vv. 15, 40). Lydia manejaba su propio negocio, en pos de su ganancia.

La explicación que Martín Lutero hace del 7mo. Mandamiento en su Catecismo Pequeño, muestra que consideraba la propiedad privada como don y bendición de Dios. Y dice C. F. W. Walther: "La razón ... requiere el mantenimiento de la propiedad privada, porque habita en el hombre natural cierto deseo de libertad e independencia, y si el hombre no es en cierta medida libre e independiente, no puede ser feliz. Si Ud. acaba con la propiedad personal, terminará también con la libertad." (8) La idea de tenencia en común de la propiedad es contraria a la naturaleza humana. Lo vemos incluso en los niños; ellos instintivamente lo saben: "Lo tuyo es tuyo y lo mío es mío."

En un sistema donde todo es propiedad pública nadie posee nada, y en consecuencia nada se cuida decentemente, y todo se arruina y naufraga. El derecho a la propiedad privada es uno de los primeros principios sobre el que esta nación se fundó hace 221 años; y bajo este sistema hemos sido bendecidos por Dios con una gran libertad -incluso religiosa- y con prosperidad, más que cualquier otro país en la historia del mundo. Y siendo así, es increíble que este sistema sea atacado ahora por tanta gente dentro y fuera de los gobiernos, incluyendo algunos que se llaman a sí mismos cristianos, y que son quienes deberían saberlo mejor que nadie.

Ahora, también algo más hay que decir. La posesión de propiedades y riquezas -incluso en gran medida- no es algo pecaminoso en sí mismo; pero puede volverse así, y es cosa potencial y extremadamente peligrosa. No deben tomarse a la ligera las solemnes advertencias de Jesús "¡Qué difícil es para los ricos entrar al reino de Dios!" (Lu 18:24); y "¿De qué aprovecha a un hombre ganar el mundo entero si pierde su propia alma?" (Mr 8:36.) E igual "si aumentan tus riquezas, no pongas tu corazón en ellas", Sal. 62:10. Y más bien "pon tu mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra", Col. 3:2; y "la vida de uno no consiste en la abundancia de cosas que posee", Lu 12:15b. Por tanto: "No guardes tus tesoros en la tierra ... sino en el Cielo ... porque donde estén tus tesoros, allí estará tu corazón también." (Mt. 6:19-21.) "Nadie puede servir a dos señores ... no puede servirse a Dios y a Mammon", Mt. 6:24. Quienes endiosan sus propiedades sufrirán el mismo pavoroso destino que el hombre rico de Lucas 16:19-31, quien "banqueteaba suntuosamente cada día", sin importarle nada el pobre mendigo incapacitado que yacía en el suelo, "deseando alimentarse de las migajas que caían de la mesa del rico." No debe olvidarse aquí las críticas denuncias de Santiago, respecto a aquellos ricos que viven en el placer y la lujuria (comer, beber y pasarlo bien), sin preocuparse para nada de los pobres, y a los que acumulan riquezas obtenidas con fraude, reteniendo parte de los salarios de sus trabajadores.

Toda deshonestidad en adquisición de propiedades o en compraventa de bienes es severamente condenada: "Medida y pesa falsa son abominación para el Señor, pero una balanza justa es Su delicia", Prov. 11:1. "No harás injusticia en el juicio, ni en medida de anchura, peso o volumen. Tendrás balanzas precisas, pesos cabales, efa y medida justa." Lev. 19:35-36a. También Prov. 30:23, Deut. 25:13-15, y especialmente Amós 8:4-6. Y a todos nos son familiares los pronunciamientos de Jesús contra los fariseos, entre otras cosas por "devorarse las casas de las viudas." Y las igualmente solemnes advertencias del Apóstol Pablo contra todo tipo de engaños y falsedades.

Concluyendo, tengamos en mente que "poseemos" propiedades, las compramos y vendemos, redactamos documentos y títulos que firmamos y sellamos, etc., pero realmente no tenemos nada. Dios, que en el principio creó los cielos y la tierra, lo tiene todo, incluyendo la misma tiera y todo lo que hay en y sobre ella. Somos sólo mayordomos, cuidadores. Se nos habla de "subyugarla", atenderla y tomar cuido de ella. En otras palabras: somos nada más administradores de la propiedad de Dios. Pero, ¡qué indescriptible privilegio, qué suprema felicidad debe surgir en nuestros corazones, siendo mayordomos a cargo de la propiedad del Rey de reyes y Señor de señores!

NOTAS:
1) Citado por Ernest W. Lefever, en su libro "De Nairobi a Vancouver" (Nairobi to Vancouver. The World Council of Churches and the World, 1975-87.) Editado por Ethics and Public Policy Center, Washington D.C., 1987; p. 56.
2) Ibid., p. 59.
3) Ibid., p. 57.
4) Ibid., p. 59.
5) Citado por Mark Skousen: Religions & Liberty, publicación del Acton Institute for the Study of Religion and Liberty, Mayo-Junio 1996 (Vol. 6, No. 3), p. 4.
6) Las citas bíblicas son de la King James Nueva Versión.
7) Harold O.J. Brown: Christianity and the Class Struggle; Arlington House, New Rochelle, N.Y., 1970; p. 59.
8) Communism and Socialism. The Lutheran Research Society, Detroit, 1947; p. 58. Cita textual de Lutero: "La Escritura no manda que la propiedad sea común. Cuando la Ley del Decálogo dice "No robarás" en Éxodo 20:15, está distinguiendo los derechos de propiedad, y mandando a cada quien tener lo que es suyo." (Apología de la Confesión de Augsburgo, Artículo 16; Concordia Triglotta, p. 333.)

[El presente ensayo de Lester Wehrwein apareció en la edición de Julio-Agosto de 1997 del Boletín de la Lutheran Conference of Confessional Fellowship. Reproducido con autorización.]

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